martes, 23 de junio de 2015

¿Ser de izquierda es ser “honesto y de buen corazón”?




Sin duda que usted leyó las declaraciones de López Obrador acerca de la “poca importancia” de los matrimonios homosexuales y el aborto (pero si no lo ha hecho, por favor, léalas; saboree con calma las bellas palabras del líder de la izquierda en México). Las concepciones político-morales del Peje lo han hecho el hazmerreír del país, justificadamente. Pero hay que detenerse un momento en ellas para entender el proyecto político del tabasqueño, hoy encarnado en Morena. En esas pocas frases se resume el personaje López Obrador, pero también las ambigüedades de su partido político. Proporcionan una puerta de entrada inmejorable para entender al lopezobradorismo como fenómeno social.

Si el aborto y los matrimonios homosexuales no son tan importantes, ¿qué lo es? La respuesta es clara: la corrupción, deus ex machina, fuente y origen de todos los problemas que aquejan a nuestro país, desde la disminución de la cantidad de mariposas monarca en los bosques de Michoacán hasta las muertas de Juárez.

La solución es simple: ser honesto, no dejarse sobornar. En eso consiste el papel histórico de la izquierda en nuestro país, en no ser corruptos. ¿Y luego? No hay luego. Eso es todo. De ahí, todo lo demás nacerá, naturalmente. Ojo, López Obrador no nos dice que esté en contra de los abortos, sólo que es un asunto que, una vez que él y su élite moral estén en el poder, podrá ser tratado sin prisas. Digamos, en el segundo año de su gobierno. (Lo de las mariposas monarcas y las muertas de Juárez, por extensión, también serán tratados… en el cuarto y quinto, respectivamente).

Esa concepción recuerda a la del movimiento obrero blanco, conservador, estalinista, durante la segunda mitad del siglo xx. Tras la explosión de las “otras causas” (de las mujeres, los “disidentes sexuales”, las minorías raciales) en el post-68, los partidos comunistas (y socialdemócratas) les decían: ¿para qué se preocupan por esas cosas pequeñoburguesas? ¿No se dan cuenta que lo esencial en este mundo es luchar por el socialismo? Una vez llegados ahí, ustedes podrán dedicarse a liberarse sexual, racialmente. Pero primero lo primero.

Como ahora el Peje con los pro-aborto y los homosexuales, el movimiento obrero conservador no le decía a las mujeres que había que buscar la mayor igualdad de género inmediatamente y al mismo tiempo aceptar que el capitalismo generaba estructuralmente la desigualdad; le decía que tenían que subordinar su lucha a otra, porque era menos importante.

Hay un problema político y uno programático con las ideas de López Obrador. El primero es que asumir que sólo la izquierda es honesta es, por un lado, estadísticamente falso, y por el otro implica subestimar a la derecha. Para darse cuenta de lo primero no hay que rascarle mucho (lo último que nos dio la prensa es la alianza entre Monreal y Cuauhtémoc Gutiérrez —alias “Jabba the Hut”— en la Cuauhtémoc).

Lo segundo es más importante: el conservadurismo como ideología no es más afín a la corrupción que el liberalismo o el izquierdismo, porque la corrupción no tiene que ver con las ideas (ni, en el fondo, con la moral personal), sino con la sociedad. El dicho “la oportunidad hace al ladrón” adquiere aquí su versión moderna: la oportunidad hace al corrupto. Decir que la izquierda tiene el monopolio de la honestidad (aparte de ser falso) aliena a esa enorme masa conservadora que hay que ganar, un sector de la cual cree honestamente en esos ideales. La iglesia de cristo se corrompió, el partido bolchevique se corrompió. Morena se puede corromper, si no lo está ya. La izquierda no es una élite moral. Pero lo esencial es el lado programático de las declaraciones de López Obrador, la idea de que con honestidad todo se resuelve. Mejor dicho: el “lado programático” es un eufemismo para referirse a la falta de tal. Sonará obvio, pero, queridos lopezobradoristas, la honestidad no es un programa. La idea de la república amorosa, que hace años parecía simplemente el devaneo inútil de un publicista cursi, sigue siendo parte del horizonte ideológico de Morena. Cuando AMLO habla de eso, se lo cree de verdad.

¿Qué expresan, en el fondo, esas ideas? Al López Obrador, administrador eficiente en un momento de auge económico y borrachera democrática; al político astuto que supo presentarse como el defensor de la soberanía en la época en la que esta se había extinto. En términos intelectuales y electorales: una combinación inteligente del clientelismo más efectivo que el PRD aprendió directamente del PRI con la sanción moral de una intelectualidad moralmente comprometida que, habiendo renunciado a los horizontes ideológicos que un día le dieron forma, cristalizó sus prejuicios en un caudillo paternalista: la confusión complaciente de la influencia con el poder (populismo); la admiración bovina de la burocracia (el administrador); el desprecio profundo por la igualdad (el fracaso histórico del PRD y Morena por hacerse de un espacio entre la clase obrera).

En pocas palabras, la incapacidad de la intelectualidad de izquierda en hacerse las preguntas que de verdad había que hacerse. La crítica liberal de una Denise Dresser expresa incluso el límite de este discurso: acusa a AMLO de estar peleado con el mercado cuando lo último que López Obrador propone es estatizar ninguna cosa; o quitarle al dominio del mercado ningún sector importante de la vida social.

Son esas las raíces históricas e ideológicas del lopezobradorismo. Hoy, a 15 años de su entrada como jefe de gobierno del DF, su programa se reduce al más craso moralismo: la honestidad y la pureza de corazón. La trayectoria de la izquierda institucional puede resumirse en una frase: una revolución democrática patética y conservadora produjo, años después, una regeneración nacional supina y moralista.

@CamiloRuizTass

Fuente: http://www.elbarrioantiguo.com/ser-de-izquierda-es-ser-honesto-y-de-buen-corazon/

Nuevo episodio de la usurpación: 7 de junio de 2015



¿El resultado electoral del 7 de junio representa un vuelco en el proceso de descomposición del régimen, de su clase política y sistema de partidos, de sus cámaras legislativas y del Instituto Nacional Electoral? ¿El proceso electivo de 2015 contribuye de modo significativo a la superación de la crisis de representación del sistema político mexicano, de la crisis de legitimidad y legalidad del Estado mexicano y de sus tres poderes? ¿Los resultados de la pasada “contienda” electoral son muy diferentes a los esperados o calculados por la Constituyente Ciudadana o por otros analistas? ¿La elección del 7 de junio fue una fiesta de la democracia y la constatación de que en México nos encaminamos hacia formas de participación ajenas al fraude, la corrupción y la injerencia de poderes de facto mayormente delincuenciales que operan a través del propio estado, los medios de comunicación, las trasnacionales y potencias como Estados Unidos?


I. El fraude es consustancial al sistema político mexicano

El fraude y la mentira son condiciones estructurales del sistema político mexicano y de sus procesos electorales: el 7 de junio este hecho volvió a confirmarse.

Para empezar los resultados están trucados: la participación electoral no fue entre el 47. 25 y el 48.51 por ciento, fue mucho menor. (1) El 1° de mayo pasado Lorenzo Córdova Vianello, presidente del Instituto Nacional Electoral, declaró ante los Vocales Ejecutivos de la Junta Local de Jalisco que “el Consejo General del INE aprobará el Padrón Electoral y la Lista Nominal en su sesión extraordinaria del próximo miércoles 6 de mayo”, el más confiable de la historia, y “adelantó que son 87 millones 244 mil 921 los inscritos ante el Instituto y 83 millones 563 mil 190 ciudadanos los que podrán sufragar por contar con su credencial de elector actualizada y con datos validados”. (2) Esos datos sobre el total de empadronados y la lista nominal aparece, si no la han retirado o modificado, en el portal electrónico del INE.

Para alcanzar el 47 o 48 por ciento de participación ciudadana, el INE retiro de la lista nominal a 5 millones 649 mil 784 personas inexplicablemente. Es decir, pasó de 83 millones 563 mil 190 a 77 millones 913 mil 406. Si la cifra que se toma como referencia —la primera— la participación ciudadana ronda el 43 por ciento y no el 47 aludido por el INE. Cifra que se reduce al 38 por ciento, si se toman en cuenta los votos nulos que rondan el 5 por ciento.

Así las cosas, los porcentajes de votación para cada partido en función de la lista nominal no rasurada, nos dan una imagen real del nivel de representatividad de cada uno. Por ejemplo, con cifras aproximadas, la votación del PRI con respecto a la lista nominal oficial, no alterada, pasaría del 29.8 por ciento al 13 o 14 por ciento; la del PAN del 21.9 al 10 u 11 por ciento; la del PRD del 11.1 al 4.5 o 5 por ciento, la de MORENA del 8.8 al 4 por ciento y la del PVEM del 7.1 al 3.3 o menos; mientras el resto de los partidos desaparecería. Y si el cálculo se hiciera tomando en cuenta el número de los inscritos en el padrón electoral, es decir, los más de 87 millones registrados, el partido con más votos no representaría más que a poco más del 11 por ciento. Ese es el nivel de representación formal de los partidos políticos, aunque en realidad el problema es más grave.

Ahora, si a todo eso le restamos los votos comprados o coaccionados propios de una elección de Estado como la vivida el 7 de junio, el nivel de votación real se reduciría a la mitad. Porque los mecanismos, a través de los que operan las elecciones de Estado en México, son los mismos que en otras ocasiones han sido denunciados por diversos organismos. Los cuales estiman que el porcentaje del voto comprado o coaccionado llega al 50 por ciento. Esto es particularmente notorio en las prácticas electorales del PRI, PAN, PVEM y PRD. Tanto el PRI como el PAN, mayormente, suelen usar a los partidos satélite como el Verde o al nuevo Encuentro Social, como vehículos para inducir votos. Así ocurrió en Hidalgo, donde el último partido mencionado superó el 9 por ciento de la votación con el apoyo del señor Chong.

Entonces, descontando los votos del fraude, en el caso señalado de los 4 partidos mayoritarios, su caudal de votos oscila entre el 7 por ciento y el 2 por ciento del total. Ese es su nivel de representación real.

Todo es más evidente si nos detenemos en las votaciones registradas en varios de los estados más importantes en número de población. Por ejemplo, en Nuevo León perdieron el PRI y el PAN; el candidato independiente, el tal “Bronco”, con todo y representar una opción empresarial, significa una ruptura con las formas históricas del comportamiento electoral de la población de la entidad. Igual sucedió en Jalisco. En la Ciudad de México, perdió el PRD, el PRI y el PAN que se aliaron para combatir a MORENA. En el Estado de México, el PRI sufrió descalabros severos y en Puebla el nivel de abstención fue de los más altos.

En realidad, si incluimos el número de casillas no instaladas, 603, el más alto desde 1991 y el número de votos anulados que tuvo su epicentro en la Ciudad de México, podemos decir que pese a todo el despliegue publicitario, la crisis de representación y el descredito del régimen y del propio Estado siguen por el mismo derrotero, hacia su recrudecimiento. En dicho contexto resultan ridículas las opiniones de que la cantidad de votos anulados se debió a que las y los votantes se equivocaron y marcaron mal su boleta. Por cierto, el nivel más alto de abstencionismo se dio en la Delegación Benito Juárez de la Ciudad de México con 14 por ciento del total de los anulados en esa “entidad”. Todos saben que en dicha Delegación, el nivel de escolaridad y de ingresos es de los más altos de la república.

Además los testimonios sobre el rebasamiento de los gastos o topes de campaña y la manipulación descarada del voto de la pobreza en los estados donde la participación fue muy alta, como en algunas zonas de Chiapas, Yucatán o San Luis Potosí, entre otros lugares, revelan la podredumbre del régimen y de su nula voluntad de corregir, su descomposición estructural, propia y necesaria en un sistema político que gobierna a favor de minorías antinacionales y antihumanas.

Pero no sólo están esos datos, existen además múltiples hechos que constatan el descredito y la crisis del sistema de partidos y de la clase política. El proceso electoral aconteció en medio del recrudecimiento de la militarización, de la represión hacia movimientos y colectividades que han sido colocados en una situación de injusticia que, en muchos sentidos justifica su reacción ante un proceso electoral que desde la clase política y el Estado mexicano, pretende legitimar las injusticias y la impunidad de quienes las cometen a favor de los intereses oligárquicos. Las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, de los Padres y Normalistas de Ayotzinapa y de múltiples comunidades en Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero, son justas en lo fundamental. Contra ellas se cebaron todos los poderes incluidos el mediático y los directamente delincuenciales. El asesinato de activistas como Antonio Vivar Díaz, en Tlapa Guerrero, fue parte de un operativo integral, donde se articularon el poder ejecutivo, el ejército, la marina, y todo tipo de policías con paramilitares ligados a la delincuencia organizada y a partidos como el PRI y a sectores del PRD.

En ese sentido, tiene razón Carlos Fazio, “las elecciones paramilitarizadas del 7 de junio estuvieron signadas por la violencia. Una violencia que venía de atrás y remite al poder en un Estado plutocrático, clasista y racista, y a la vieja forma de hacer política en México. En momentos como el actual, la acción de los poderes fácticos y el Ejército son acciones para liquidar la República, en tanto son represivas y destructoras de la nueva política que pugna por alumbrar, producto de que un sector importante y consciente de la población quiere decidir su destino.” (3)

II. 7 de junio el fraude esperado

Si bien este no es el lugar para hacer una crónica del proceso electoral, sí lo es para decir que el resultado no era inesperado. (4) Las proyecciones sobre las votaciones a favor de los principales partidos se cumplieron. La caída del PRI amortiguada por el PVEM y la debacle del PRD se cumplieron, acaso sorprendió el porcentaje de votos del PAN. Igual se confirmaron las expectativas de votación para MORENA. En cuanto a las posibilidades del boicot electoral, igualmente se mantuvo en los márgenes previstos de focalización en algunos estados y regiones. En todo caso el porcentaje de voto nulo era algo más incierto. Por lo que se refiere al monto de la abstención se mantenía en la incógnita y muchos esperábamos un porcentaje mayor; sin embargo el cómputo final se mantiene en los márgenes de lo esperado.

Todo mundo sabía que el triunfador formal sería el PRI y los partidos del Pacto por México, con excepción del PRD. Que este sería utilizado a modo de legitimación de la nueva andanada de despojos y represiones derivadas de las últimas reformas estructurales. Lo sucedido a la CNTE, ilustra la condición real del régimen. Muestra sus debilidades al recular ante el posible crecimiento del boicot con el que amenazaban las y los docentes, sin importarles la legalidad, sin reparar en que su decisión de suspender las supuestas evaluaciones violaba su Constitución neoliberal. Evidencia la total falta de honor y la desvergüenza absoluta de quienes usurpan las instituciones de la Republica. A estas alturas de su descomposición, que involucra a personajes como el Rector de la UNAM y a los más encumbrados empresarios del país, la manipulación mediática y la represión serán los principales medios para escalar la destrucción de los derechos sociales y nacionales.

Creemos que los hechos corroboran que más allá de intereses limitados legítimos, el principal problema para el futuro de la sociedad civil y el pueblo de México, no estribaba en llamar a votar o no votar, en participar o boicotear la elección. Que por el momento no había mayor oportunidad de lograr un avance en la organización de la resistencia nacional colocando en el centro la disputa electoral bajo cualquiera de sus formas. Que debíamos poner la mirada más allá del 7 de junio, entendiendo que por el momento no tenía caso exacerbar los debates entre fuerzas momentáneamente contrapuestas, pro-voto o abstencionistas, a las que finalmente el régimen ha colocado como enemigos a vencer, como víctimas potenciales de la nueva ola represiva y saqueadora. Creemos que era razonable entender los motivos de quienes llamaban a la abstención, el boicot y la anulación, y de igual modo entender las necesidades contenidas en las colectividades que ven en la lucha electoral la ocasión de darle cause a luchas reivindicativas democráticas o directamente materiales.

Ahora más que nunca se requiere de hacer frente común ante el triunfalismo de la clase política y sus partidos corrompidos. Denunciar el carácter antidemocrático, antipopular y antinacional del régimen y no dejarse engatusar por ventajas electorales transitorias.

III. Mantener la resistencia a la usurpación y luchar por la unidad nacional-popular

Todas las proyecciones relativamente confiables sobre el futuro inmediato de las mayorías y clases nacionales son catastróficas. En términos de desastre económico social el propio gobierno asume que los recortes al presupuesto público y el estancamiento del Producto Interno son la constante previsible. Recrudecimiento de la pobreza, del desempleo y de la destrucción de derechos laborales, sociales y nacionales será la tónica de una nueva crisis económica que aún no supera las secuelas que dejó la crisis de 2008-2009. Con un crecimiento errático de la economía estadounidense, la permanencia de la crisis en Europa y el fin del ciclo de precios altos de las materias primas, el futuro se antoja lúgubre. La radicalización de la guerra contra el pueblo, que convierte en enemigo interno a todos los opositores, como lo atestiguan las últimas masacres y particularmente la de Iguala-Ayotzinapa, constituye la carta a jugar por el gobierno. Las amenazas a la CNTE, los cargos contra Nestora Salgado, Rubén Sarabia, entre otros cientos de luchadores sociales y defensores de derechos humanos, son ilustrativos del clima de criminalización de los opositores que se cierne sobre el país.

No obstante las rupturas y distancias entre la sociedad civil y el Estado, acrecentadas a raíz de los hechos del 26 y 27 de septiembre en Iguala y de la crisis de credibilidad y legitimidad del régimen, no ha sido posible articular uno o varios movimientos nacionales que den cauce común a quienes protestan en las calles y a los millones que desde sus lugares de vida están hartos de las acciones del gobierno y la clase política.

Persiste un cierto agotamiento de la representación ética y política de los movimientos sociales y políticos, electorales y extra-electorales que, a fines del siglo pasado e inicios del presente, ocuparon la escena política nacional, mientras las nuevas representaciones aún no acaban de emerger. Hasta ahora siguen predominando las propuestas que insisten en convocar a la unidad de la izquierda o las izquierdas a través de un frente nacional o por medio de la unidad y de las alianzas construidas alrededor de un “gremio” o de una corriente ideológica. En la mayoría de los casos se confunden y contraponen los procesos de unidad de la izquierda con la unidad de las clases y mayorías nacionales: indígenas, trabajadores, mujeres, jóvenes y clases medias.

La desarticulación de las resistencias sociales y civiles no es accidental. A diferencia de lo que piensa la mayoría de las personas que ideológicamente se declaran de izquierda, el apoliticismo, es decir, la tendencia a poner en el centro intereses particulares por sobre los generales, a desligar unos de otros, es resultado de la “confusión” entre la unidad de la sociedad civil o pueblo y la unidad de la izquierda. Cuando los más ideologizados proponen el frente de único de clase, únicamente integrado por obreros y campesinos pobres, fomentan un economismo o gremialismo formalmente radical, que impide o frena la posibilidad de ejercicio de la representación nacional por parte de las clases trabajadoras. A contracorriente de las declaraciones de los partidarios de ese enfoque que confunde unidad antineoliberal o nacional con unidad de la izquierda, en ese horizonte socialmente sectario se abandona la lucha por el gobierno y el poder político desde la sociedad civil o el pueblo. No es un accidente que en las lógicas más extremas del gremialismo u obrerismo se sepulten los aportes de las comunidades y los pueblos indígenas y campesinos. Que las luchas por la democracia y los derechos humanos se usen a modo de coartada y se excluya todo lo que huela a clases medias. Eso ha sucedido y sucede en los frentes actuales.

Para enfrentar a los responsables de la tragedia humanitaria, que vivimos las mayorías nacionales y poner un alto a la clase política antinacional y a las oligarquías trasnacionales, requerimos pensar en la unidad de la sociedad civil, de la nación, de diversas formas de acción política y cultural. De otra forma, no existe ninguna posibilidad de enfrentar victoriosamente la lucha cotidiana por la defensa del territorio, por detener y revertir las “reformas estructurales”. En ese proceso, deben conjugarse todas las formas de resistencia y desobediencia civil pacífica para dar cauce a la unidad de las mayorías y preparar el cambio de gobierno desde el pueblo.

Todo esto para explicar el porqué de nuestra negativa a enzarzarnos en las disputas dentro del campo popular sobre las diversas tácticas de participación en un momento no decisivo o trascendente y el porqué de nuestra resistencia a enredarnos en disputas por la unidad de la izquierda que sólo redundan en desunión y frustración. Se debe insistir en la necesidad de la reflexión y la construcción estratégica, como única forma de asumir adecuadamente las batallas cotidianas en defensa de la vida, el agua y los derechos nacionales, sociales y civiles, que finalmente expresan la lucha cotidiana por un nuevo gobierno, una nueva ética y un nuevo “pacto social” o constituyente.

Lo central es: ¿Qué sigue después del 7 de junio?, ¿Cómo construimos la unidad de las víctimas del neoliberalismo?, ¿Cómo rompemos las inercias del régimen a sumirnos en una nueva ola de despojos y crímenes de Estado?

En primer lugar, debemos asumir que vivimos bajo los gobiernos de la usurpación. En una situación de golpes de Estado Técnicos, de golpes a la Constitución, de fabricación de leyes que violentan su espíritu original, de magnicidios, de terrorismo de Estado y crímenes de lesa humanidad, como lo definió el Tribunal Permanente de los Pueblos - Capitulo México (TPP). Todo ello para imponer la recolonización del país, una nueva ocupación integral de México, como lo señaló Pablo González Casanova. Recolonización que tuvo un momento detonador con la introducción abierta de las políticas de Estado de corte neoliberal y con la aprobación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN).

Así, lo que se impone, entre otras cosas, como parte de nuestros trabajos en marcha hacia la nueva Constituyente Ciudadana Popular, en el contexto de los resultados de las elecciones del 7 de junio y de la andanada desatada contra toda resistencia civil y social por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto, es denunciar y repudiar este nuevo episodio de los gobiernos de la usurpación. Para lo cual proponemos organizar dos actividades que se desarrollarían tomando como referencia el Plan de Trabajo acordado en la asamblea del 2 de mayo.

1° Facilitar un proceso de juicio ético sobre la falta de probidad del proceso electoral del 7 de junio, a la manera de los trabajos realizados por el TPP-México; a concretarse en el mes de agosto, antes de que tomen posesión los nuevos diputados federales. Para ello, debemos apoyar la integración de un comité con académicos, artistas y representantes de organismos civiles y sociales.

2° Realizar una jornada nacional de repudio a la nueva usurpación del Congreso de la Unión a través de campañas de reflexión y acciones de resistencia y desobediencia civil pacífica, evitando las provocaciones que seguramente se montarán ese día.



Notas:

(1) www.jornada.unam.mx/ultimas/cobertura-al-minuto-elecciones- 08/06/2015 02:03.

(2) “Consejo del INE aprobará el 6 de mayo padrón electoral: Córdova”, en Notimex, vie, 01 mayo 2015 17:56.

(3) Carlos Fazio, “Política y violencia”, en La Jornada, 8 de junio de 2015.

(4) José Blanco, “Lo previsible”, en La jornada, 9 de junio 2015.

¿Otro partido o movimiento social?



1. “La izquierda que México necesita no está, no existe, hay que construirla”; es el título de un documento que hoy he recibido de amigos de MONAE firmado por Benito Mirón. Pienso, de entrada, que debe reconocerse la enorme preocupación por pensar en construir una izquierda que se organice y ayude en las batallas que México necesita para confrontar y derrotar a la burguesía dominante, pero es una tarea que lleva muchas décadas y hasta el día de hoy sólo se ha logrado muy poco. También para mí, para muchos, es la gran tarea, quizá la principal de todas para que la “espontaneidad” y la “dispersión” se organice, no a través o alrededor de un aparato fijo y permanente, sino por ideas realmente liberadoras de cualquier atadura.

2. La batalla de la izquierda y de todos los trabajadores es enterrar el sistema capitalista; es una lucha a muerte contra la explotación empresarial y por la construcción de la igualdad económica, política, social, de los seres humanos. Pero debe reconocerse (sin ofender a nadie en particular) que si algo ha desprestigiado a la izquierda en México y en el mundo es el haber adoptado los principios y la actuación de los gobiernos y de la derecha que se resumen en oportunismo, traiciones y acomodamientos de sus militantes a los organismos de gobierno capitalista y de poder. El derrumbe de los inexistentes o falsos “socialismos” no sólo desprestigió a esos países sino al mismo discurso que hasta hoy no hemos deslindado.

3. El documento de MONAE hace una justa crítica a los partidos políticos que “padecen de los mismos males, adaptados y conformes con las canonjías que reciben del propio sistema”. Señala que a “un poder legislativo que ha abdicado vergonzosamente de su independencia y soberanía y un ejecutivo federal cuyo desprestigio invade cada vez más el territorio nacional junto con el reclamo “que se vaya Peña Nieto”, producto de un gobierno que en menos de tres años ha mostrado de manera fehaciente sus altos niveles de ineficiencia e incapacidad para conducir el país no solo en lo económico sino también en lo político y social, cubierto con la cobija de la corrupción, aunado al incremento desmedido de la violencia, asesinatos, desapariciones forzadas e impunidad.

4. Pero el MONAE, como si no hubiesen ya mil partidos electorales y experiencias negativas, señala “hoy por hoy se ven condiciones objetivas para construir un gran movimiento social electoral que confluya en un solo objetivo, que haga inviable la violencia del estado pero también teniendo claro que el cambio no puede ser como hasta ahora se ha pretendido, entre algodones, pactado, consentido, el cambio con permiso, el avance de la democracia con quienes la destruyen, con la honradez en Casa de Alibaba, la justicia con quienes provocan y promueven la injusticia; no es viable pedir el suicidio consentido del sistema que hoy nos rige y apelar a la decisión final que ellos y solo ellos pueden dar, dejando para mejor ocasión la voluntad popular”.

5. Hay que enterrar al PRI, al PAN, al sistema capitalista, pero jamás se podrá hacer construyendo otros partidos que se legalicen y luego caminen con las reglas que impone la burguesía para mediatizar y obsorver. Sólo bastaría recordar un poco a la vergonzante izquierda del PPS de Lombardo Toledano de los sesenta, al PST de Aguilar Talamantes de los setenta o al modernísimo PRD de los noventa cuyo única preocupación fue y ha sido siempre a negociar votos donde estén y con quien lo asegure; cobrar los millonarios subsidios gubernamentales, no radicalizar el discurso para no enojar a la burguesía y al imperialismo y lo peor, renegar de que se es izquierdista o antimperialista para quedar bien con la burguesía, los medios de información o la iglesia.

6. Dice bien el MONAE, “consideramos importante transitar e impulsar, cada quien desde su trinchera, las diferentes formas de lucha que la sociedad se viene planteando, sin visiones únicas como si alguien fuera dueño de la verdad y sin descalificaciones hacia quienes no comparten nuestras tácticas pero sí nuestros objetivos”; impulsar la lucha (insiste en lo electoral), pero acompañada de la organización ciudadana, la social, la desobediencia civil, la nueva constitución, el nuevo constituyente y cualquier otra surgida del ingenio popular; no plantearlo así significa el continuar con la dispersión, falta de coordinación y abonar a la división de las fuerzas progresistas, contribuyendo al fortalecimiento del modelo que queremos combatir y prepararnos para seguir lamentando nuestras derrotas, culpando a los adversarios de las mismas.

7. ¡Coño! ¿Cómo carajos lograr organizar a todos los trabajadores -que son millones- que están contra la explotación y los malos gobiernos? Los anarquistas no están contra la organización de los movimientos; al contrario buscan la organización, pero sin líderes permanentes y aparatos burocráticos que se aprovechan de ellos para hacer negocios políticos. No agrada, pero al inicio se necesitan líderes, caudillos, incluso muy oportunistas, de los que da mucho trabajo liberarse. ¿O será necesario seguir trabajando muchos años más sin descanso la conciencia clasista hasta que el movimiento madure, pero siempre vigilando que la fruta no se pudra? En estas elecciones surgieron tres partidos nuevos, ¿cuántos más derechistas y de “izquierda” surgirán para 2018?

8. Sin descalificar me parece que así como López Obrador, “todo mundo quiere crear su partido nuevecito” y muy pocos quieren entrarle movimiento social creando organizaciones para ello. En tanto la CNTE ha realizado miles y miles de manifestaciones y plantones en todo el país, en especial en Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas, desde hace 35 años sin contar con los apoyos necesarios, la izquierda sólo parece pensar en organizar su partido para tener legisladores y cargos de gobierno. La realidad es que los subsidios y los insultantes salarios de los legisladores proporcionan comodidad para seguir trabajando; pero como dicen aquí: “gallina que bebe huevo ni que le quemen el pico”. El político que se corrompe una vez ni que le quemen las manos. ¡Fortalezcamos las organizaciones sociales horizontales! ¡Construyamos muchos Vietnam!



Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com

¿Y después de las elecciones qué?



Ya pasaron las elecciones, ya acabó la coyuntura, ya nuestros ojos y nuestros oídos descansan un poco del bombardeo publicitario al que durante meses nos tuvieron sometidos por radio y televisión, en postes, bardas y camiones. Algunos votaron por el “menos peor”, otros por el que “dio más” o el que se “veía mejor” en los comerciales, otros anularon y otros más, consciente o inconscientemente, ni se pararon por las urnas el día de las votaciones; hubo hasta los que intentaron evitar que se llevaran a cabo las votaciones ahí donde existieron condiciones para hacerlo. Ahora a esperar otros 3 años para que reviva el debate sobre la necesidad de votar, no votar o anular con números o consignas, ¿todo acaba aquí?
En la edición anterior del periódico FRAGUA hablamos sobre el falso dilema de votar o no votar y llegamos a la conclusión de que participar o no en las pasadas elecciones realmente no cambiaba nada. Hoy, preguntémonos, cuando los candidatos electos tomen posesión: ¿de verdad algo va a cambiar? ¿Nos van a aumentar el salario? ¿Se va a dar vuelta atrás a la privatización de PEMEX? ¿Los funcionarios dejarán de ser corruptos? ¿Se va a acabar la miseria en que viven los campesinos? ¿De verdad saldremos del “despeñadero”?

También decíamos que quienes estamos convencidos de que el cambio social es necesario y posible, los que caminamos y nos organizamos con la vista puesta en el socialismo como objetivo, podemos y debemos aprovechar toda coyuntura política para llegar a las más amplias masas populares, explicando el carácter de la coyuntura y organizando acciones que eleven el nivel de conciencia de quienes participan en ella.

En el caso específico de una coyuntura electoral como la que acabamos de vivir, nuestra tarea como socialistas consiste en explicar las limitaciones de ésta, por ejemplo, que la democracia burguesa, la que restringe la participación política sólo a lo electoral, no es un ejercicio imparcial y que si bien hay partidos políticos que se asumen como de “izquierda”, aunque ganaran y lograran “meterse” en el gobierno para “transformarlo desde adentro” por medio de la “honestidad y austeridad”, no se obtendrían los cambios significativos que necesitamos, por lo que no deberíamos conformarnos con eso y esperar a la próxima elección para volver a votar por ellos.

Hay organizaciones y sectores organizados del pueblo que, en términos generales, comprenden el falso dilema sobre votar o no votar y la esencia del proceso de configuración del Estado mexicano como un Estado terrorista; también, hay otros sectores y organizaciones que siguen viendo en la lucha electoral una herramienta de lucha, pero si realmente quieren ser congruentes con su posición, tienen la obligación de defender la voluntad popular manifestada en las urnas, organizando por ejemplo comités de defensa del voto, haciendo del ejercicio electoral individual un pivote de organización popular.

Las conquistas democráticas, como la participación electoral, se han obtenido con la lucha organizada del pueblo, nosotros queremos que sea el pueblo el que decida, pero consideramos que las elecciones no son el único medio que existe para que el pueblo haga saber lo que quiere, aunque los spots gubernamentales insistan en ello. Quienes nos organizamos y luchamos por la construcción de una sociedad más libre y justa creemos que las formas de lucha y organización son muchas y que no pueden restringirse a una coyuntura electoral que se abre cada 3 o 6 años.

El pueblo no ganará en las urnas lo que no se haya ganado ya en la calle, en los barrios, las fábricas, las escuelas, las parcelas, etcétera. Necesitamos retomar las diferentes experiencias de la lucha que nuestro pueblo ha desarrollado a lo largo de su historia, para luchar no sólo en temporada de elecciones y tener bien claro que las tareas de organización deben desarrollarse de manera permanente, sin tener que esperar al nuevo periodo electoral de 2018. La agenda del movimiento social no debe ser una agenda impuesta desde arriba, la debemos construir quienes participamos en él.

Las coyunturas deben convertirse en una oportunidad para ampliar la organización y no para desgastarla inútilmente. Parafraseando al revolucionario catalán Buenaventura Durruti, quien actúa y no organiza está perjudicando al movimiento tanto como el que no actúa. Hubo quienes llamaron en la coyuntura a esperar a que pasaran las elecciones para discutir los temas importantes, nosotros pensamos que no hay que esperar a que los que ganaron la elección resuelvan los problemas del pueblo trabajador, organicémonos y luchemos por la construcción de una sociedad más libre y justa, una sociedad socialista.



NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección DEBATE del No. 8 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 13 de junio de 2015.

lunes, 15 de junio de 2015

7 de junio



Los hechos: el PRI obtuvo la mayoría simple en el Congreso, aunque obtuvo la votación más baja de su historia en porcentaje y número de votos. Ayotzinapa, la casa blanca, la Reforma Fiscal y el secuestro de la Reforma Educativa, no le hicieron el daño que se creía harían en las urnas. La desaprobación de casi el 60% de los mexicanos al presidente Enrique Peña Nieto, no se trasladó en un voto de castigo. La duda: muchos se preguntan cómo fue posible, pero hay evidencias que la lectura sofisticada que hicieron los estrategas del PRI de las angustias y satisfacciones de los electores, sobre lo que moldearon los spots en las campañas, fue su fórmula de éxito. La conclusión: la economía, una vez más, fue la motivación de los electores. El rechazo nacional al presidente llevó a los estrategas priistas a evitar en la mayor parte de los casos la identificación del candidato con Peña Nieto. En el norte, sobre todo, se potenciaron las fortalezas del candidato sin utilizar al presidente como un activo adicional. Pero al mismo tiempo, se maximizaron los logros de las reformas impulsadas por el presidente. Las campañas se distanciaron de él como individuo, pero no de sus políticas. La lectura de encuestas públicas revela que la economía sigue en los alto de la preocupación de los mexicanos, por encima de la seguridad y de la corrupción pese a que, como nunca antes, figuró como una variable importante. Los spots se diseñaron en ese contexto. Los mensajes repetidos insistentemente en radio y televisión hablaban de las reformas. “Hoy los mexicanos pagamos menos luz –decía uno-. Esto se logró gracias a la Reforma Energética, una reforma impulsada por el PRI en beneficio de todos los mexicanos”. Las tarifas, en efecto, venían bajando. En abril el costo de la electricidad en el sector doméstico se había reducido 10.2%, el comercial de 10 a 20% y el industrial de 23 a 32%. Otro spot mostraba a una pareja de jóvenes mientras caminada por el parque. En el fondo se escuchaba una voz: “Y otras cosas están por venir”. En ese momento, una joven le dice a su compañero: “¡Te mandé un correo!”. Le responde que no tiene Internet en su casa porque es muy caro. “¿No sabes?”, le dice la joven. “¡Ahora el Internet va a ser mucho más barato!”. De ahí la escena se va a una recámara en una casa aparentemente de clase media, donde otra joven dice: “¿Qué te parece llamar sin pagar la larga distancia nacional?”. Hay más escenas de vida cotidiana que terminan con un logo del PRI en la pantalla y la voz: “Pronto, muy pronto, vas a disfrutar más tu vida, y todavía hay más PRI”. El PRI todo el tiempo; Peña Nieto nunca en los spots. Era un hecho, no visto por estrategas en otros partidos, que habría más dinero en los bolsillos en la temporada electoral. Las ventas de mayo en las tiendas de autoservicio y departamentales crecieron 7.4%. Entre enero y mayo se vendieron más de 500 mil vehículos, un crecimiento de 20% con respeto a 2014. Sólo en mayo se vendieron en el mercado interno 57 mil vehículos más que ese mes el año pasado, y se firmaron 253 mil créditos entre enero y abril, que fue una cifra que nunca había sucedido. Enfocados todos en la crítica sobre el mediocre crecimiento, pasaron de alto los estrategas electorales que las reformas había generado suficiente ingreso para estimular el consumo. Las tasas de interés se mantuvieron inalterables –sin afectar pagos de tarjetas, créditos o hipotecas-, y la tasa de desocupación siguió a la baja. Los spots del PRI se correlacionaban con esa realidad. Hubo muchas críticas en la ciudad de México por lo que les parecía un insulto a la inteligencia, pero descuidaron ver los datos microeconómicos. Los resultados se dieron en las urnas. Sólo como referencia, en la frontera norte, donde la Reforma Fiscal causó enorme descontento a finales de 2013, la coalición gobernante del PRI con el Partido Verde ganó en prácticamente en todos los distritos federales: obtuvieron, de acuerdo con el PREP, 663 mil 409 votos, contra 372 mil 73 del segundo lugar, el PAN. Las campañas panistas contra el gobierno por la Reforma Fiscal no fueron suficientes ante la realidad económica en el bolsillo de los votantes. El PRI jugó con las reformas peñistas sin hablar de Peña. Su estrategia fue reforzar la calidad de incumbente –el anglicismo que se usa para un gobierno en el poder-, sin meterse en el pantano de la seguridad y la corrupción, los dos siguientes temas que más preocuparon al electorado. La campaña priista pareció de manual electoral. El espejo contrario es la campaña presidencial de la panista Josefina Vázquez Mota 2012, que se mostró ‘diferente’ al gobierno de Felipe Calderón, que en ese momento tenía 49% de aprobación. De entrada, ella perdió a la mitad del electorado que era suyo con sólo presentarse como incumbente. El PRI hizo lo contrario. Jugó de incumbente, sin vergüenza como partido en el gobierno. Aprovechó los positivos de las reformas este año, y aisló los negativos, sobre todo la figura del presidente. Ahí está el saldo: el Congreso con una mayoría que le dará gobernabilidad al presidente para su crítico segundo tercio de gobierno. Peña Nieto no fue protagonista de la victoria, pero se beneficiará de ella. rrivapalacio@ejecentral.com.mx | twitter: @rivapa


Cultivar lo sembrado




En las elecciones del 7 de junio el número de votantes fue nuevamente menor al de los abstenidos. Las abstenciones, esta vez, no superaron en porcentaje a la de otras elecciones anteriores pero siguen expresando que la mayoría de quienes tienen derecho a voto no se sienten convocados ni por el gobierno ni por los partidos que defienden el sistema capitalista (o por los que quieren un “capitalismo humano”, un canibalismo vegetariano).
Es cierto que la gran mayoría de quienes se abstienen no repudian a nadie sino que expresan desinterés y atraso político o no van a las urnas porque están enfermos, ausentes o prefieren ver o practicar algún deporte. Pero, de todos modos, la abstención es considerada siempre y en cualquier país un signo de rechazo, pasivo si se quiere, pero rechazo al fin.

A diferencia de lo que sucedió en elecciones anteriores la abstención fue combatida, así como el boicot, no sólo por el gobierno con todo su aparato represivo sino también por los medios “de información” (léase de intoxicación popular) y por muchos académicos que sólo ven el juego institucional mediante el cual capitalismo asegura su dominación y si en este caso no aumentó es también porque muchos sintieron que abstenerse calladamente era un modo pasivo e inocuo de lucha, tal como expuse reiteradamente en artículos anteriores en los que defendí el boicot a las urnas en los estados donde los promovían movimientos sociales amplios y reales (como la CNTE de Oaxaca o los familiares de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa).

Quienes llevaron a cabo ese boicot donde y como podían, con valentía y heroísmo y con apoyo popular, no eran ni vándalos ni resentidos sino sectores en lucha que repudian activamente al Estado asesino y sus métodos fraudulentos, su militarización, la corrupción de las instituciones y la mentira organizada.

Ellos, a diferencia de la mayoría de los mexicanos, comprenden ya, gracias a sus experiencias, que los puercos no se matan a besos, que la legalidad y las conquistas sólo se logran fatigosamente con la lucha y no únicamente con el voto, que lo fundamental es elevar el nivel político de la gente común con la acción y el combate. Porque la conciencia se construye en un largo y trabajoso proceso y los que hoy son minoría podrán llegar a ser mayoría cuando los hechos –que son rudos- superen la ignorancia y cuando poco a poco pueda generalizarse, gracias al ejemplo de los que hoy están más avanzados y a su prédica y explicaciones constantes, la construcción de elementos de poder popular que ya existe en algunos puntos del país.

Las revoluciones y los grandes cambios sociales, es cierto, no son el resultado de la acción y la voluntad de los revolucionarios o de quienes quieren un cambio social. Ellos se producen cuando el capitalismo pone a la mayoría de los trabajadores y oprimidos contra la pared y no les deja otra opción que rebelarse y conseguir con su lucha radical un cambio social porque no les queda otro modo de preservar su modo de vida, la independencia nacional, su cultura, su existencia misma. En esos momentos, cuando los hasta entonces sumisos insurgen y los conservadores cambian su mentalidad y deciden jugarse es cuando adquiere importancia vital la acción de la minoría que hoy lucha intransigentemente contra el régimen. Porque las grandes olas sociales cambian antes que nada la mentalidad de las grandes masas humanas que nunca se resignan a sufrir pasivamente las catástrofes y, en éstas, se ven obligadas a transformarse y sacan lo mejor de sí mismas.

El régimen y el gobierno conocen bien la importancia de esas minorías, que tienen el papel de la levadura en la masa. Por eso de inmediato se lanzaron a la represión contra los maestros de la CNTE oaxaqueña para suprimir los focos rojos tratando de atemorizar y aplastar a quienes pudieran seguirlos en su lucha. Por eso también- ayudados por muchos satisfechos con sus puestitos de piojos en las costuras del disfraz “intelectual” del capitalismo- ningunean el boicot en Guerrero o en Oaxaca que, cualesquiera que sean sus resultados inmediatos, es una semilla que podría germinar en el terreno fértil creado por la represión y la constante ofensiva capitalista contra la mayoría de la población.

En México el crecimiento demográfico es cercano al 2 por ciento anual y los pronósticos del Banco Mundial para la economía nacional oscilan entre esa cifra y el tres por ciento. O sea que el gobierno ni siquiera puede garantizar un empleo a los dos millones y medio de jóvenes que se incorporan cada año al mercado de trabajo aunque le promete a Estados Unidos que México asegurará un cero por ciento de emigración. ¿Cómo no van a aumentar la crisis, la delincuencia, los asesinatos, cuando las políticas del Estado promueven la desocupación y la miseria al mismo tiempo que destrozan la educación pública, matan normalistas, persiguen maestros, asesinan estudiantes y cierran la válvula de escape de la emigración? Por ahora sectores muy atrasados votan por Blanco o el Bronco y hay gente honesta y luchadora que quiere un cambio social pero cree posible que en 2018 la Justicia electoral y el gobierno, tocados por la iluminación divina, reconozcan un triunfo de MORENA… siempre y cuando ésta logre en tres años multiplicar por cinco sus votos que aunque muchos son inferiores a un dígito. Pero ahora es sólo un momento fugitivo en un proceso cambiante.

Por último, cada elección requiere un análisis y posiciones que pueden variar porque el objetivo es organizar a los trabajadores, no contar papelitos. No puede haber una oposición de principio a las elecciones. La única regla es el rechazo a todo lo que consolide a los represores vendepatrias y sirva en cambio para organizar y dar confianza en sí mismos a los únicos que pueden construir un futuro mejor, los oprimidos.

viernes, 12 de junio de 2015

Electoralismo y boicot, ¿dos caras de la misma moneda?



Si la adhesión a toda costa a la legalidad es, en efecto, completamente característica de los oportunistas, se caería completamente en el error al atribuir mecánicamente a los partidos revolucionarios la voluntad contraria, a saber, la voluntad de la ilegalidad. En todo movimiento revolucionario hay ciertos períodos en que domina o, al menos, se afirma un cierto romanticismo de la ilegalidad. Pero ese romanticismo es claramente una enfermedad infantil del movimiento comunista, una reacción contra la legalidad a toda costa […]; ese romanticismo debe ser superado y lo es seguramente por todo movimiento llegado a la madurez.

Georg Lukacs. Historia y conciencia de clases

Respetar esta legalidad es cosa de tontos.

Sin embargo, desdeñarla no sería menos funesto. Sus ventajas para el movimiento obrero son tanto más reales cuanto menos ingenuo se es. El derecho a la existencia y a la acción legal es, para las organizaciones del proletariado, algo que se debe reconquistar y ampliar constantemente. Lo subrayamos porque la inclinación opuesta al fetichismo de la legalidad se manifiesta a veces entre los buenos revolucionarios, inclinados -por una especie de tendencia al menor esfuerzo en política (es más fácil conspirar que dirigir una acción de masas)- a cierto desdén por la acción legal. Nos parece que, en los países donde la reacción todavía no ha triunfado destruyendo las conquistas democráticas del pasado, los trabajadores deberán defender firmemente su situación legal, y en los otros países luchar por conquistarlas.

Víctor Sergei. Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión.

“Los extremos se tocan” es una frase trillada… pero no por eso menos verdadera. Las dos posturas entre las que se desgarra la izquierda mexicana (el electoralismo y el anti electoralismo) lo confirman.

Al menos desde 2006 la izquierda mexicana se divide entre quienes creen que el voto es la forma de transformar al país y quienes creen todo lo contrario y promueven en consecuencia la abstención, el voto nulo e incluso el boicot. Cada bando acusa al otro de tener una estrategia poco efectiva y que al final termina por favorecer al PRI y demás partidos neoliberales… y ambos tienen razón.

La crítica más inmediata a quiénes apuesta por la vía electoral es que no se dan cuenta, o no quieren darse cuenta, de que ésta está clausurada. Los neoliberales jamás reconocerán el triunfo que en las urnas obtenga una fuerza no neoliberal y mucho menos una fuerza anticapitalista.  La historia reciente de México, los grandes fraudes de 1988, 2006 y 2012 son una prueba palmaria de ello. Entonces, alentar la ilusión en un futuro triunfo en las urnas es un engaño para el pueblo, dicen los anti electorales.

También se le acusa de legitimar el sistema capitalista y su Estado por el mero hecho de participar en unas elecciones organizadas por él, en sus términos y en sus reglas. En las semanas previas a las elecciones del 7 de junio en México, circuló ampliamente en las  redes sociales una frase atribuida a Eduardo Galeano o a Charly García: “Si votar sirviera de algo, estaría prohibido”. En realidad, no sabemos quién es el autor de esa frase pero en todo caso se ha convertido en un verdadero prejuicio, en parte del sentido común de muchas personas y con base en ella se emprenden las campañas de abstención, voto nulo y boicot.

Pero aún más, a la izquierda electoral se le acusa de estar presa de la ilusión de que ganar las elecciones y con ello llegar al gobierno es sinónimo de conquistar el poder. El poder está en otra parte, se le dice. Ganar unas elecciones no cambia el país, lo que hay que cambiar es “el sistema”. Depositar una boleta en una urna cada seis años no transforma nada, no genera organización popular, no es verdadera democracia, dicen los anti electorales.

Esto en el mejor de los casos, porque algunas organizaciones ni siquiera conciben a los partidarios del voto como parte de la izquierda sino como una variante más de la derecha y del neoliberalismo. Conceden que existen algunos pocos “ingenuos” y bien intencionados que creen que votando van a lograr algo pero en el fondo le hacen el juego al PRI, al neoliberalismo y al sistema capitalista en general pues al participar en la contienda electoral con las reglas puestas por el régimen, lo legitiman.

La crítica es correcta en lo general. Efectivamente, la burguesía mexicana no tiene la menor disposición a reconocer el triunfo en las elecciones de un partido con un programa no neoliberal, mucho menos de uno con un programa socialista. Por otro lado, también es cierto que hasta ahora los partidos electorales en México que se reivindican de izquierda (PRD y MORENA) no están interesados en organizar a sus militantes y al pueblo más allá de lo electoral, de promover una participación política que rebase los límites de la participación en los comicios. Por último, también es cierto que ganar unas elecciones no es lo mismo que conquistar el poder aunque cabría ser más precisos. El poder político es un asunto complejo, no tiene su asiento solamente en el aparato estatal sino que también tiene como sede lo que Gramsci llama sociedad civil, organismos aparentemente apolíticos que en realidad son totalmente políticos y desde ellos se ejerce también el poder: televisoras (particularmente notable en el caso de Televisa en México), periódicos, iglesias, organizaciones de derechos humanos, asociaciones profesionales, etc.). Ganar las elecciones permite ocupar ciertos puestos en el aparato estatal y acceder al ejercicio de una parte del poder, pero no es “El poder”. Para conquistar el poder plenamente no basta con ocupar el aparato estatal y poder desde ahí ejercer la coerción, también hay que lograr una hegemonía intelectual y cultural desde las instituciones de la sociedad civil.

En suma, a grandes trazos, las críticas a los partidos electorales (a aquellos cuya función principal y casi única es participar en las elecciones, como MORENA y el PRD) son correctas. Sin embargo, las organizaciones anti electorales en México cometen un error paralelo al de los electoralistas. En realidad  unos y otros están presos del mismo fetichismo de lo electoral y del Estado pero desde extremos diferentes, extremos que forman parte de un mismo fenómeno. Si depositar una boleta en una urna cada seis años no genera organización popular y no cambia al país, anular o quemar la misma boleta cada seis años tampoco.

Las limitaciones del abstencionismo y el voto nulo son conocidas. En primer lugar no son una acción colectiva, son acciones individuales que no requieren ni genera organización popular. En segundo lugar, no puede distinguirse en las cifras el abstencionismo provocado por el rechazo al sistema de partidos del provocado por accidentes, pereza o cualquier otra circunstancia y el voto nulo provocado por el rechazo a las elecciones no se contabiliza aparte del provocado por errores a la hora de emitir el sufragio.

Efectivamente, los partidos engañan y se engañan cuando dicen ser representativos de la sociedad pues los porcentajes que presumen (en el caso de la elección del pasado 7 de junio, por ejemplo, el PRI obtuvo el 29%, el PAN el %20, el PRD el 10 y MORENA el %8) se refieren al total de los votos emitidos, no al total del padrón; en otras palabras, no toman en cuenta la abstención y el voto nulo. Éstos últimos fueron del 47% y el %6, respectivamente. Entonces, en realidad, el PRI solo representan a cerca del 14% de los electores; el PAN al %10 y así sucesivamente. Conclusión: los partidos no representan a la sociedad, todos ellos representan a una minoría. Sin embargo los abstencionistas se engañan a sí mismos de una manera similar: atribuyen a su campaña de abstención y voto nulo el %47 y el %6 respectivos y, como ya señalamos, existen mil razones por las que la gente no va a votar o por las que su voto es invalidado. Sería un error o un autoengaño tremendo pensar que ese %47 de personas que no votó y el %6 de personas cuyo voto fue anulado comparten los planteamientos, programa y métodos de lucha de la CNTE, la FECSUM o el EZLN. Sin embargo, dirán los anti electorales, si la gente no fue a votar o anuló su voto es porque rechaza el sistema de partidos aunque no esté de acuerdo totalmente con las organizaciones antes mencionadas. Yo creo que ni eso podemos suponer, pues muchos tenían la intención de votar y se los impidió la enfermedad, el trabajo o cualquier otra contingencia; del mismo modo, muchos votos nulos no fueron intencionados, fueron errores. ¿Qué porción de los votos nulos y de la abstención podemos atribuirle a una posición activa y consciente de rechazo a la partidocracia y la farsa electoral? No lo sabemos, pero es seguro que no todos, quizá ni siquiera la mayoría.

Sin embargo la principal limitación del abstencionismo y el voto nulo es que en México no tiene efectos legales sobre el proceso electoral. No importa qué porcentaje del electorado se abstenga o anule su voto, los comicios son legales y válidos sus resultados. Si la ley fijara que en caso de que los votos nulos o el abstencionismo llegaran a cierto porcentaje la elección se anularía, entonces sí tendría caso plantearse esas acciones como una estrategia. Los promotores de estas acciones dirán que aunque no tengan efectos legales sobre la validez de la elección, la abstención y el voto nulo tienen efectos políticos, que desgastan y restan legitimidad al gobierno y al sistema de partidos. Sin embargo habría que considerar que en México los partidos, los procesos electorales y el gobierno de por sí cargan ya con un gran descrédito al que no suma mucho la poca participación electoral. En los últimos años, particularmente desde que empezó el gobierno de Peña Nieto, está visto que el sistema puede funcionar con bajísimos niveles de consenso o de aprobación por parte de la población. Funciona a punta de metralla y a través del terrorismo de Estado pero funciona para los fines que está concebido que funcione, para resguardar los intereses de una fracción de la burguesía mexicana (la que está enganchada al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos), el imperialismo y la alta burocracia estatal y partidaria. No queremos decir que sea totalmente irrelevante que alrededor de la mitad de los mexicanos no participe en las elecciones; definitivamente hace mella en el poder de la burguesía mexicana y su aparato estatal pero no sobredimensionemos las cosas, de ninguna manera provocará un colapso suyo, no se trata de una dificultad que no puedan sortear, no es la primera vez que en una elección federal se dan estos niveles de abstencionismo.

La crítica más extendida al abstencionismo y al voto nulo es que beneficia indirectamente al PRI y demás partidos neoliberales ya que ese llamado es atendido solamente por el electorado progresista, por los potenciales votantes de MORENA. Los simpatizantes del PRI y del PAN jamás hacen caso a las campañas por la anulación del voto. Por ello, porque solamente le resta votos a MORENA y deja indemnes al PRI y al PAN, es que se dice que estás campañas anti electorales benefician a la derecha. Sin embargo, desde el lado de los abstencionistas, está critica se desecha con el argumento de que todos los partidos son iguales, que MORENA no solo es capitalista (lo que es verdad) sino que también es neoliberal y por tanto, no importa que se le resten votos.

En cuanto al axioma de los anti electorales, “Si votar sirviera de algo, estaría prohibido” podemos decir con toda seguridad que es completamente falso. La idea sobre la que se asienta es que todo lo legal es inútil para la lucha de los oprimidos por su liberación. Una vez aceptado eso, es fácil caer en un error paralelo y mucho más grave: que sólo lo prohibido o ilegal es útil, o peor aún, que todas las acciones y métodos prohibidos e ilegales son útiles. Partiendo de esos supuestos, algunos creen que las marchas (por ser legales) son completamente inútiles y que lo verdaderamente provechoso para el movimiento popular son las acciones ilegales como la destrucción de mobiliario urbano o de comercios. ¿De verdad son completamente inútiles acciones legales como las marchas? ¿De verdad son útiles acciones ilegales como encapucharse y romper los cristales de los bancos? Para refutar una afirmación universal como la que nos ocupa (“Todo lo legal es inútil y todo lo ilegal es útil”) basta con encontrar un sólo ejemplo en contrario y es el derecho de huelga. En México las huelgas son completamente legales y muy útiles para el movimiento obrero. Ciertamente, el gobierno quisiera ilegalizarlas ¡pero lo hace justamente porque son útiles para que los trabajadores consigan mejores condiciones laborales!

Sobre el boicot podemos decir otro tanto. Si participar en una elección no implica que el país cambie, impedirla tampoco porque, efectivamente, no es ahí donde de verdad se juega el poder. Se puede boicotear una elección pero eso no significa que la burguesía deje de gobernar y dirigir el país. Mucho menos si ese boicot es a nivel local y aislado, como fue el caso del domingo 7 de junio. Impedir las elecciones no le arrebata el poder a la burguesía, solamente le quita una vía de legitimarlo. De hecho conservan el poder, legitimándolo de otra manera, o sin legitimidad alguna, pero lo conservan.

Cuando en cierta localidad o zona ya está en pié un auto gobierno popular, el boicot es una necesidad imperiosa pues no se puede permitir que mediante un proceso electoral se pretenda erigir otro poder que compita con él. Cuando ya existe un gobierno popular, como en el municipio de Cherán, en el Estado de Michoacán, el boicot es totalmente necesario. Sin embargo, el error está en creer que ahí donde todavía no existe ese gobierno del pueblo, éste será generado mediante el boicot a las elecciones. El boicot no produce, no es causa de un gobierno desde abajo. Más bien es un efecto, una necesidad suya. El boicot puede ser exitoso y no necesariamente por ello habrá un gobierno autónomo. Tratando de ser lo más precisos, diremos que el boicot no es suficiente para arrebatarle el poder a la burguesía y la partidocracia y crear un gobierno popular. Y tampoco es necesario en todas las etapas. En el caso de los Municipios Autónomos Zapatistas en boicot electoral ni siquiera se plantea porque el poder popular es tan firme que el Estado burgués ni siquiera se atreve a intentar realizar ahí las elecciones; en cambio en Cherán, donde el poder popular aún lucha por consolidarse y el Estado pretendió echar a andar la farsa electoral, lo cual significaba desplazar al auto gobierno de la comunidad, el boicot era una necesidad imperiosa. Una situación muy distinta es la que tenemos en algunas zonas del Estado de Guerrero, donde los auto gobiernos populares son incipientes, en este caso impedir las elecciones no es, a nuestro juicio, lo prioritario y hasta puede ser contra producente. En el intento de boicotear los comicios solamente se provoca la respuesta represiva del Estado y la militarización de la zona, tal como ha sucedido en Guerrero, Oaxaca y Chiapas; la abrumadora presencia militar y policiaca puede ahogar en la cuna el naciente poder del pueblo. En otras palabras, emprender el boicot cuando apenas va naciendo el poder popular solamente es exponerlo a una lucha para la que no está preparado, es ponerlo a la orilla del precipicio de la derrota cuando apenas va desplegándose. Quizá más que impedir las elecciones, lo prioritario sería seguir creando organización desde abajo, trabajando bajo tierra como el viejo topo, y dejar que arriba, a nivel del Estado, la burguesía y sus partidos sigan adelante con su farsa. A final de cuentas, desde el año 2000, los diversos procesos electorales no impidieron la formación de las Policías Comunitarias en Guerrero. Por supuesto, éstas han tenido grandes confrontaciones con los gobiernos emanados de esos procesos electorales (la prisión de la Comandante Nestora Salgado es prueba de ello) pero para formar la formación de las Policías Comunitarias no pasó por el boicot a las elecciones, no era algo indispensable.

El boicot reducido a ciertas zonas del país tiene grandes limitaciones pero aún si fuera exitoso a nivel nacional, no resuelve el problema de fondo. Insistimos, impedir que los partidos de la burguesía se legitimen por la vía de las elecciones no es lo mismo que quitarles el poder. Pueden seguir gobernando, legitimándose por otros medios o sin legitimidad alguna, al menos por cierto tiempo.

Quizá este sea el objetivo no explícito de quienes promueven el boicot, desnudar al régimen, obligarlo a gobernar con la fuerza bruta aún más de lo que ya lo hace. Si esto sucede, si el régimen burgués mexicano se despojara de toda apariencia de legalidad, si se instaurara una dictadura desembozada que prescindiera de toda “farsa” electoral, que ni siquiera convocara a elecciones y sustentará en la fuerza bruta, al movimiento popular no le quedaría otro camino que combatir la fuerza del régimen burgués con una fuerza superior. La pregunta es ¿estamos preparados para eso?

No existen fórmulas mágicas para el cambio social. Las elecciones no son una pócima milagrosa y el boicot tampoco. Si la izquierda electoral yerra al apostar todas sus fuerzas al proceso electoral, la otra izquierda yerra al apostar todas sus fuerzas, o la mayor parte de ellas, a boicotearlo.

A costa de un gran sacrificio, el pasado 7 de junio el boicot tuvo éxito en varios puntos del Estado de Guerrero. ¿Cuál es el paisaje después de la batalla? Que el dinosaurio sigue ahí.